lunes, agosto 26, 2013

Aves de presa: ¿Quién está preso y quién ya vive su propio infierno?


La mayor pobreza del cristianismo es haber sido víctima en gran medida del reduccionismo moralista, puesto que si bien él desde su inicio posee una ética pluralizada que lo nutre, ella ha sido menospreciada; puesto que el componente de la justicia, el amor, la inclusión, la ecología, la interculturalidad, la koinonía, entre otros valores del Reino de Dios, han sido reemplazados por la implacabilidad de la institución que a través de su fundamentalismo dogmático y patriarcal erige la moral (doblemente moral) como un absoluto, la cual es más criminal y asesina que Herodes y Hitler juntos, puesto que legitima la pedofilia y la violencia contra la niñez, así como acepta la discriminación de las personas.  Una muestra de ello es que lo diverso, lo raro, lo extraño, lo queer, el otro, lo han vuelto objeto de condena.  Como si las personas diversas fueran seres abyectos.  Y este factor termina siendo el fundamento principal para la invención de los infiernos como artefactos de control, muy similar a la función socializada de las cárceles.  Porque dentro de este marco de pensamiento unívoco y monocromático, la aceptación de lo diverso no tiene cabida en las prisiones grises de sus mentes.  Yo solamente frente a ello me pregunto una cosa ¿Quién está preso y quién ya vive su propio infierno?

     Cuando uno entra en conversación con personas que dicen ser cristianas, y dentro de ese encuentro se aborda el tema de la inclusión de la diversidad sexual, entonces suele ser interesante escuchar sus posiciones acerca de dicho tema.  Algunos “mesurados” mencionan la palabra tolerancia, como si a los sujetos hubiera que aceptarlos “pese a lo que son” en vez de aceptarlos por lo que son como personas.  Unos más atrevidos llegan a afirmar que se aceptan a la persona pero no su práctica sexual, como si sexualidad y sujeto fueron dos entes separables.  Otras más radicales se escandalizan de inmediato, porque se les toca sus intereses religiosos, es decir sus ideologías teológicas.  Y estos que suelen escandalizarse, los que hablan desde un literalismo selectivo de los textos bíblicos, no platican de tolerancia sino de abominación, citando por lo general de una forma parcial el texto de Levíticos 18: 22, afirmando con vehemencia y demencia, dentro de su supuestos, que la abominación se reduce a que un hombre se acueste con otro hombre como si fuera mujer, porque según ellos la relación homoerótica no es un acto natural.  Como si el amor entre dos seres de la misma orientación sexual no fuera un acto puro y natural de la vida.

     A ellos se les olvida que si se habla de abominación, de ese modo sesgado, también entonces habría que poner en el mismo fardo el hecho de que no se honre a padre y madre, así como tampoco se atienda a la viuda, al huérfano, al pobre y al extranjero (Dentro del contexto colombiano al desplazado y en el ámbito latinoamericano al inmigrante), porque la injusticia contra el vulnerable es abominación.  Se evidencia en ello una visión miope de su cristianismo, puesto que se juzga con severidad las prácticas “in-naturales e inmorales” pero la expoliación, las injusticias sociales y la explotación laboral no, como si ello fuera natural; pero lo contradictorio es que sí se acepta ciegamente que gobiernos como el de EE.UU invadan a los países en Latinoamérica, África y el Medio Oriente, y de la misma manera al gobierno de Canadá que a través de sus empresas mineras contaminan la tierra.  Esto es una señal de su doble moral que produce asco y vergüenza.  Nuevamente me pregunto ¿Quién está preso y quién ya vive su propio infierno?  En efecto creo que el más vulnerable siempre será objeto de violencia de aquel que vive su propia fobia, porque la libertad le pesa en su mano. 

     Es por tanto la violencia que ejercen los fundamentalistas el producto de sus miedos que proyectan en el otro, y su manera de auto-negarse es por medio de la violencia, porque ya han dado el paso del miedo al odio y del odio al lado oscuro de la vida.  Pues para ellos el brillo del arcoíris de la vida se les ha tornado negro y blanco.  El miedo en ellos es el camino al lado oscuro donde el lazarillo es la ira, que se traduce en misoginia, patriarcado, homofobia, exclusión, racismo, dogmatismo, etc.  Y en mi opinión, quien se deja llevar por el miedo a lo diverso, al otro, al vulnerado, a la riqueza nutrida de la pluralidad, por temor a la pérdida del control, entonces con su propia mano termina matando lo que más ama para sí, su libertad.  Cuando el perro con mal de rabia los ha mordido, es porque el miedo ya los ha atrapado.  El cristiano fundamentalista se defiende con la violencia, porque ya el miedo lo ha hecho su ave de presa.



                                                                                                                           Hugo Oquendo-Torres[1].
Pereira, Colombia
Martes 13 de Agosto 2013


[1]  Reverendo de la Iglesia Colombiana Metodista; teólogo graduado de la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia; actualmente adelanta estudios de Licenciatura en Teología con la Universidad Bíblica Latinoamericana.  
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