martes, julio 09, 2013

El paraíso mi cuerpo.

Nutre mi carne para que mi espíritu florezca.
Roja crece mi sangre, oh piña de bromelia.
En esta hora parida eleva una plegaria por mi alma, porque mis carnes ya son santas.
Ya mi cuerpo traspasado ha penetrado el umbral de la Venus del Espejo para chuparle la mano pálida a Yahveh.
Bajo los ojos de la noche que vela, no ansío que mi fuego sea consumido por los gusanos del Seol ni por el polvo del Hades.
Con tu mano esconde mi hálito débil, porque mi vientre ya ha vencido el suplicio.
Es nuestro sexo la fruta prohibida que hemos comido desnuda, y por ello otrora fuimos desterrados de nuestro cuerpo llamado Edén.
Pero ahora nuevamente hemos retornado a nuestro paraíso escondido bajo el río de nuestros huesos, porque la roja fruta está madura y nuestros cuerpos arden de piel.






Hugo Oquendo-Torres
La noche tiene labios subversivos
21 de Junio, 2013






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