viernes, abril 12, 2013

Sopa de mamá.


Para preparar un plato de sopa como mi madre, la-madre.
Primero pongo a bailar un zapato y espero a que mis pocillos toquen violín para que la cuchara acompañe al zapato en su danza victoriana. 
El calcetín celoso frunce su ceño.
Suenan las cacerolas del teatro, la economía y la política mundial preparan su circo, y se alistan los champiñones.
Saco de la nevera, del cuarto del perdón aplazado, el retrato congelado de mi padre,
le hago un baño de María.
Nostalgia que muerde mi pie en la distancia.
Arde el fogón en fuego azul.
El agua está hirviendo.
Uno a uno rebano los labios de la papa.
Luego le agrego sal, sazón y un chile rojo.
Tomo un recuerdo de mi madre y lo pico en rodajas para la sopa.
Luego trituro una pizca de su sonrisa en el mortero para así mezclarla con el ajo.
También le agrego un poco de son cubano, cebollas rojas y los consejos de ella.
Del cilantro verde que hay en la huerta lo lavo y le echo un poquito con pimienta y el brillo de los ojos de mi abuela.
Que idealista es esta sopa condimentada en la cárcel de cacerolas en cocción.
Para preparar una sopa como mi madre, debo entender que ella, mujer libre, desde la cocina ha sido esclava.





Hugo Oquendo-Torres
Poética de lo simple
24 de Enero 2013
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