jueves, abril 11, 2013

Lenguaje y piel


El cuerpo es el lugar privilegiado donde la epifanía de lo sagrado acontece.
Allí se aparea la piel con el verbo, cuando éste se hace carne.
El ágape no se da sin el eros, puesto que del alma el cuerpo es su clítoris.
Hay cierto placer que ciega a los espantos de los espejos rotos, y es cuando ardiente está su aliento de vida.
Con mi mano despierto la angustia somnoliente, mojada espera,
tersa esperma que desciende al paraíso escondido para morder mi arteria hirviente.
Los ojos caldean ante el vórtice de la playa, siendo ella la silueta del océano, la metáfora del cuerpo abierto, el punto de encuentro con la palabra: sublime.
La palabra se arropa con el otro, la otra y le besa los pliegues suaves a la voz que jadea.
Un orgasmo agitado es mi boca aguada.
Cada uno llama razón a la pasión que lo humedece.
Cada uno llama salvación al delirio de la piel erotizada cuando abre el pórtico del Edén.














Hugo Oquendo-Torres
Sombra de un verano
28 de Febrero, 2013
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