viernes, abril 12, 2013

Siesta con café.


Leo un cuento de Pablo Montoya, de El beso de la noche, y me acuesto para hacer la siesta de las tres.
Luego me despierto y pongo a hervir agua para el café que mezclo con mi poesía.
El ojo que he dibujado en la servilleta me mira desde la mesa de madera, que he puesto en el improvisado comedor.
Mientras duermo la brisa golpea con arrojo las hojas de zinc.
Los techos de las casas son hojas de libros que pasa el viento.
Una hormiga se pasea por mi vientre como explorando un desierto.
La luz del sol se diluye en mi cocina, abrasa con su calor las legumbres rojas que hay en el plato.
La tarde es interrumpida de súbito por un trueno de verano que insinúa una amenaza de aguacero.
Esta noche promete ser fría.
En mi cabecera un cuaderno lívido de notas con mis gafas replegadas y un lápiz a la espera de escribir la tarde.
La calle alarga su lengua reseca para beber las primeras gotas.
Los perros callejeros y aun sus pulgas celebran el agua.
Delirios de agualluvia.
Cierro mis ojos profundos y me dejo caer en la modorra.
Toda mi casa es invadida por el olor a café tostado.















Hugo Oquendo-Torres
Poética de lo simple
14 de Enero, 2013
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