sábado, diciembre 08, 2012

Sofía, mil amores.



Sofía de mis amores noctámbulos, que entre las cortinas y los boleros de mis sueños se mece ante mis ojos, lávame con tus efluvios vaginales, lluéveme con tu sudor en la explanada de mis ropas y sacude este invierno de mi alcoba.
Haz arder la hoguera en mis palabras.
Cultiva retoños de tu boca en mi costado que está rasguñado por el frío viento.
Ya su canto de atardecer ha sido acallado.
Libérame con tu entrepierna florecida, porque me ahogo en este desierto febril.
Soy yo, el amante preso de tus estrías y tus senos caídos, el que exclama tu mano sobre mi espalda machacada.
Recórreme con tu dentadura vulgar.
Yo he sido deshabitado de mi cuerpo, solitario él mendiga una moneda en las esquinas de las plazas.
Puta, zorra, vagabunda, copera, que importa mujer acuarela,
mujer vino,
mujer poesía.
Tú y aun tus uñas fucsias se aúnan en mi agonía de esta noche degollada.
Sos mujer desnuda que con un paraguas rojo en la tarde plomiza, ruboriza la moral desdoblada.
Tu cuerpo humanizado destila por el pecho de Dios.
Yo el poeta, navegante infame de tu boca agria.
Te busco perdida en mis sueños.
Te busco volando en el cielo recién parido.
Te busco entre los retazos que de ti conservo.
Te busco en los recuerdos de ti que se han impreso entrelíneas en los periódicos viejos.
En los burdeles busco el color de tu voz, queriendo hallar una hierofanía.
Si no creyera en el delirio.
Si no fueran tus senos mi fe, entonces no creería en la vida nueva, sombra mía de esta soledad mueca.
Sofía de mi agonía anacrónica.
Creo en la religión que se construye en todo tu cuerpo.
Tú que estás en cada una de las mujeres con las que he abrazado mi espíritu agitado.
Es tu silueta un collage esparcido por la piel de cada una de ellas que me han compartido su fuego, no dejándome solo en este mar que se hace cada día más anciano.
El dolor de tu ausencia hiere mis huesos, talla mi rostro contra las rocas del camino que he emprendido bajo la lluvia de Octubre.
Mes maldito en mi calendario de la eterna memoria que revuelve mis tripas.
Tequila doble para esta rancia pena.
Un poeta en un rincón de un café, en cualquier lugar del mundo, se revuelca entre las sábanas de su poesía.
Salado es el océano en su herida abierta.
Que arda toda la sociedad y se calcinen todos los formatos, porque con tu orgasmo Dios ha sido resucitado.





Hugo Oquendo-Torres
Poética del cuerpo desnudo.
13 de Octubre, 2012
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