miércoles, septiembre 26, 2012

UNA VIDA EN SOMBRAS GRISES



Por: Pablo Manco.
Colegio Bello Oriente 2012
Estudiante de grado 11.

Afortunadamente arrastrado por una mano blanca, semejante a la leche, tan suave como la piel de un amor fortuito, que va en aumento a medida que el río moldea sus grises piedras; me aleja de aquella realidad sumergida en terror, desesperación y angustia.  Escapo de allí, pero en mi mente quedan presentes todos aquellos hombres y mujeres que buscan la tranquilidad de sus almas.  Los humanos siempre hemos estado solos, aunque creamos estar acompañados y protegidos por otros, la realidad es diferente.  No sabemos si fue un ser superior o el mismísimo universo el que nos arrojó a esta tierra, tierra de hombres codiciosos, llenos de odio y claramente afectados por el poder, siempre queriendo poner su mano sobre los demás individuos que sin ningún reclamo agachan la cabeza y sus pensamientos sucumben a la más mínima representación.

     El corazón del hombre anhela salir libre y romper las cadenas de la esclavitud que desde niño se le fueron puestas, no puestas por su madre que al más mínimo rasguño corría y buscaba la manera de curar sus heridas, sino por un sistema que decidió absorber toda su vida y dejarlo a merced de sus sobras.  “la guerra, inevitable situación en nuestra eterna competencia; le arranca los ojos a los hombres y amarra sus manos  a un arma que vacía las arterias y deja profundos huecos en el alma.  La oscuridad disfrazada de vela, atrae a los hombres para luego dejarlos desnudos y poner en ellos la semilla del fracaso”.  La única razón de ser de hombres y mujeres yace en sus sueños, sus pensamientos, pequeños momentos cargados de felicidad y armonía con otros seres.  “vuestra única esperanza está dentro de vosotros mismos, cuando aceptemos nuestro estado de seres vacíos y busquemos cambiar nuestro mundo al trasformar los mentes y los corazones.

Nota: Este es un escrito elaborado por un estudiante 
          de mi clase de religión del Colegio Bello Oriente. 


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