lunes, diciembre 02, 2013

Peces acuarela.

(Para Luisa, José, Carolina y Johana. 
Cuatro hermanitos que han creído en mi poesía).

En una noche de peces acuarela,
la luna llena deja caer su alba
sobre los techos de zinc.
Se iluminan las hojas de los arbustos
de las casas de plástico y cartón,
tornándose plateadas
como pequeñitos espejuelos
que destellan con el roce leve
de la nocturna brisa.
El amor, pan del pobre,
hueso que ruñe con hambre el desamparado.
Abren las manos con esperanza
la mujer solitaria y sus cuatros hijos,
mientras sus pies desnudos amasan el barro.
La dignidad,
honda ausencia en los cánones de la historia,
crece en la huerta del patio,
al lado de la manzanilla y el romero.
Los perros callejeros aúllan
en la vera del camino,
y sacuden sus pulgas
como sacudiendo el polvo del universo.
En una improvisada mesita de noche
Johana traza las vocales en su cuaderno;
José pasea su carro de juguete por las paredes,
ignorando la ley de la gravedad;
Carolina me ve escribir este poema
bajo la luz de la vela
y Luisa tararea la ronda del abecé.
Los peces dorados nadan
en las rizos naranjas de los niños,
mientras vuelan como pájaros las estrellas.




Hugo Oquendo-Torres
Poética de lo simple.
21 de Diciembre, 2012




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