domingo, marzo 25, 2012

Cuerpo y piel: punto de partida espistémico y teológico




En el ahora, desde el capitalismo del cuerpo (que reduce de él toda su compleja pluridimensionalidad), éste se concibe a partir del lucro; donde el cuerpo se vuelve la materia prima de producción; la sexualidad, el erotismo y el goce en las monedas corrientes; y la fecundidad y el entretenimiento en la plusvalía del cuerpo. En los cuerpos se han inscrito fórmulas, teorías y dogmas, igualmente símbolos de economía, que los racionaliza y monetiza. Sin embargo, desde el kairós de la piel de las personas oprimidas, específicamente desde el cuerpo de las mujeres negadas; en nuestro ahora histórico hay que liberar de la objetivación del cuerpo al sujeto humano, devolviéndole el sentido y significado de ser humano, su voz y corporeidad, excitándolo hacia la emancipación. En el caso de la reflexión, hay que permitir que las mujeres negadas sean sujetas de su propia historia y a la vez punto de partida epistémico y teológico para la liberación que irrumpe desde la piel.

En otras palabras, es dejar que los cuerpos que han sido invisilizados y objetivados pero que ahora arden de excitación, se expresen con su idioma propio. Paradójicamente los cuerpos aunque mudos, hablan desde la visibilidad de sus signos, sus formas, contorneos, fluidos, es desde la intimidad a flor de piel que manifiestan sus ideas. Con el lenguaje de su piel denuncian las injusticias de las que ha sido víctimas, así como también las complacencias que han vivenciado. Puesto que es en la piel, mayor órgano sensorial, donde están impresas las cicatrices, aquellas que guardan la memoria de la vida de sufrimiento y abusos, asimismo de alegría y satisfacciones. Es desde la piel cuando entra en contacto con el otro u otra o cuando nos acariciamos, que nos conocemos a nosotros mismos. Es a partir del tacto de la piel que se guarda memoria de las personas, los objetos y sus diversas formas; de la misma manera es desde ella que revivimos el pasado y presente.

La piel de los cuerpos negados guarda memoria muda pero visible de las personas y objetos que los han golpeado, de aquellos que han inscrito sus puños en la pared de su ser; igualmente es a partir de la piel, como el topos del alma, que el ser humano guarda memoria de una caricia o lágrima de alegría que se ha escurrido por el territorio habitado de su ser, su cuerpo. En efecto, desvirtuando la vieja idea de que sólo se puede llegar a pensar y conocer desde la razón, se puede afirmar que desde el órgano de la piel es posible también, porque allí se construye memoria sensitiva, entendida como el saber histórico y el cúmulo de experiencias mediadas por los sentidos, sin embargo ésta pasa por una lógica diferente: el cuerpo. Con base en esta afirmación se puede inferir que el ser humano logra construir conocimiento desde lo cerebral, pero igualmente desde los demás sentidos. Pensamos con nuestras manos, dedos y piel, es decir desde adentro con todos los sentidos. Si no, entonces ¿por qué recordamos las texturas, formas, fragancias, sabores y sonidos? No obstante, hay que anotar que ningunos de estos órganos siente aisladamente, puesto que como un sistema complejo, éste se inter-relaciona entre sí construyendo una imagen o idea más precisa de lo que se conoce o vivencia. Por lo cual, cuando se agrede a la mujer o ésta vivencia algún deleite, su cuerpo sabe y siente con todos los sentidos de una manera multidimensionada el significado de su dolor o su gozo.

En resumen, en la piel de las mujeres negadas como es el caso de las mujeres de Soacha, se escribe la memoria de las historias de vidas de cada una de ellas; donde en sus cuerpos se configura el pasado y aun el presente, lleno de sabores y sinsabores, momentos de abusos y alegrías. Una muestra evidente de ello son las cicatrices que tienen como signos de sus historias, algunas de dolor y derrota; otras también de esperanza, quizá como lo pueden ser las estrías, arrugas o cirugías de cesáreas. En los pliegues de sus pieles se dilata la vida y el saber que aguarda silenciosamente, esperando a que se le dé la palabra para que hablen con su lenguaje erotizado.


Hugo Oquendo-Torres
[Fragmento] Intimidad con mi madre: pensar y sentir una teología desde la piel.


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